Rodney Marsh. ¿El Pelé Blanco?

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Los años sesenta eran otros tiempos. La sociedad británica asistía a la irrupción de una nueva generación de jóvenes de idiosincrasia rebelde y estética desenfadada, ajenos ya a las penurias dejadas por la gran guerra en la vieja Albion. Eran los años en los que Beatles y Rolling Stones revolucionaban la música y simbolizaban una nueva manera de vivir. Y el fútbol, como propia expresión de talento, no era ajeno a esta especie de revolución social.

En un estilo especialmente tosco y rudimentario como el inglés, poco abierto a la fantasía, apareció de la nada una generación de jugadores de notable talento, adelantados a su tiempo, preocupados a partes iguales por la diversión, la estética y el deporte. Ávidos de fama, protagonistas de continuas juergas, dolor de cabeza de técnicos y puristas del juego. Quizás la historia nos ha dejado a George Best como el máximo exponente de esta camada de futbolistas, el único de todos ellos que alcanzó lo más alto tanto a nivel individual como colectivo. Sin embargo, fuera de las islas británicas apenas se recuerda a Rodney Marsh, uno de sus mayores compañeros tanto en el césped, como en los pubs.

Rodney Marsh nació en Hertfordshire, al norte de Londres, el 11 de octubre de 1944. Con apenas quince años firmaríá su primer contrato con el West Ham, equipo del que saltaría al vecino Fulham tan solo un año después, por aquel entonces recién ascendido a la máxima división del fútbol en Inglaterra. El terreno de Craven Cottage fue testigo de las primeras muestras de clase del joven Marsh desde su debut en la 62-63. Se trataba de un jugador diferente, atacante total, capaz de ejercer de nueve puro o retrasarse a posiciones de media punta, poderoso en el juego aéreo, tremendamente imaginativo, imprevisible para las defensas y dotado de un gran disparo. Eso si, tan privilegiado técnicamente como irreverente, y con una idea del juego demasiado anárquica, difícil de encajar en el rigor táctico de un equipo de primer nivel profesional. Rodney Marsh Fulham

Rodney concibió el fútbol siempre como juego, más que competición. Simplemente, algo destinado a divertirse y divertir a los demás. Su prometedora carrera terminó por ser no muy fructífera, siempre se tuvo la sensación de que podía dar mucho más, que no aprovechaba todo su talento por el bien de su equipo. Una lesión auditiva sufrida tras chocar con un poste durante un partido con el Fulham se encargó de ponerle aún más complicadas las cosas, e incluso estuvo a punto de retirarlo prematuramente del fútbol de primer nivel.

Salvado este percance, la carrera de Marsh con los Lilywhites se prolongó durante cinco temporadas. Su marcha se vería forzada por la falta de entendimiento con Vic Buckingham, técnico precursor del fútbol total y que años más tarde dirigiría al F.C. Barcelona y al Sevilla. Con apenas 21 años, Marsh marchó un kilómetro más al norte de Fulham, al barrio de Hammersmith. El Queens Park Rangers, hundido en ese momento en la tercera división inglesa, pagó 15.000 libras por sus servicios.

Rodney Marsh QPRSu llegada fue un auténtico revulsivo para el QPR, su juego una pieza clave para lograr dos ascensos de categoría consecutivos y alcanzar la First Division. Poco tardó Marsh en erigirse como auténtico ídolo para los habituales en Loftus Road. Fue allí donde se vio su mejor versión, y también sus mayores éxitos a nivel individual y colectivo. En la 66/67, con Marshy al frente, el QPR se convirtió en el primer equipo de la tercera división inglesa en ganar la Football League Cup (hoy conocida como Capital One Cup), con victoria 3-2 al West Bromwich Albion en la final de Wembley. La primera final de esta competición, por cierto, que tuvo como escenario el mítico estadio de Londres. Ese sigue siendo, a día de hoy, el único título de copa ganado por el QPR en sus casi 130 años de historia.

El gran rendimiento de Marsh pronto se vio recompensado con la llamada de la selección inglesa, algo realmente inusual, tratándose de un jugador de tercera división. Sus nueve caps con Inglaterra tuvieron lugar durante su periplo en el QPR, en los que anotó un gol. En sus 242 partidos con el Queens Park Rangers marcó un total de 134 goles, con un record de 44 tantos en la temporada que el club londinense logró su ascenso a segunda división.

Mediada la 71/72, en pleno cénit de su carrera, el Manchester City pagaría otra cifra récord por su traspaso: 200.000 libras esterlinas. El club celeste atravesaba los mejores años de toda su historia pre-jeque bajo el mando de Joe Mercer y Malcolm Allison, líder destacado en liga y a falta tan solo de tres victorias más para lograr un, a priori, apacible triunfo final. No obstante, una pésima racha de resultados en esas últimas jornadas relegó al City a la cuarta plaza y permitió que el Derby County de Brian Clough se llevara el título. Rodney fue pronto señalado como uno de los “culpables” de la inflexión del City en aquellas últimas jornadas, acusado de romper la dinámica del equipo con su individualismo.

Todo iba a cambiar la temporada siguiente, en la que Marsh anotó 19 goles para el City. El público de Maine Road, pese a la polémica del primer año, cayó entregado a las filigranas de Marsh igual que ya habían hecho temporadas anteriores los del Fulham y el Queens Park Rangers. En la 73-74 formó una histórica delantera con Denis Law, llegado del archienemigo Manchester United y que ya agotaba sus últimos partidos como profesional. Aquel año, el Manchester City disputó la final de la League Cup, con derrota frente al campeón Wolverhampton Wanderers por 2-1. Pero los días de Marsh en Manchester tocaban a su fin: discrepancias con el nuevo técnico del City, Tony Book, forzaron una nueva salida por la puerta de atrás en 1975.

La carrera de Marsh empezó a tornarse más bien exótica. Rodney hizo las maletas y emprendió una breve aventura en la liga irlandesa con el Cork Hibernians, club con el que tan solo llegó a disputar tres partidos y que desaparecería un año después. La oportunidad esta vez venía del otro lado del Atlántico, de Estados Unidos. Siguiendo la estela de otros veteranos jugadores británicos como George Best (Los Angeles Aztecs) o Bobby Moore (San Antonio Thunder), Marsh atendió la llamada de una liga que en aquellos años era prácticamente amateur y necesitaba de grandes figuras para ganar repercusión. Tampa Bay Rowdies fue su primer destino, aunque pronto regresaría junto a Best y Moore ese mismo año para terminar la temporada con ellos en el Fulham, el club que había sido testigo de sus primeros años de profesional y que había quedado relegado a la Second Division. Los tres encabezaron aquella temporada un equipo mítico en la historia del Fulham, que vencía y divertía al ritmo desenfadado que imprimían al juego los ya veteranos Best y Marsh. Tras la marcha de ambos, el club terminaría por hundirse y descender hasta la tercera categoría del fútbol inglés.

Best y Marsh

Tras ese breve paréntesis, Rodney retornó al Tampa Bay Rowdies hasta su retirada definitiva en 1979, con 35 años, un momento en el que pasó a manager del club, cargo que también ocupó en dos clubes más de la liga norteamericana: New York United y Carolina Lightnin’. Y del banquillo, a la cabina de prensa. Marsh es hoy comentarista habitual en televisión tanto en su Inglaterra natal -en cadenas como la BBC o Sky Sports- como en Estados Unidos -CNN o ESPN-.

Su estilo jovial y dicharachero frente al micrófono ha encandilado a generaciones de amantes del fútbol en ambos países, aunque en Inglaterra son especialmente populares sus “patinazos” en directo. En la 99-00, Marsh tuvo la osadía de pronosticar que Kevin Phillips, delantero por aquel entonces del Sunderland, “difícilmente alcanzaría la cifra de seis goles” al finalizar la campaña. Pues bien, Phillips fue máximo goleador de la Premier League aquel año con 30 tantos, una cantidad que le hizo merecedor de la Bota de Oro, siendo el único jugador inglés en lograr este trofeo en toda la historia. Por la boca muere el pez, Rod. Otra metedura de pata le costó su contrato con Sky Sports, al hacer en directo una desafortunada broma en 2005 en torno al tsunami que había azotado el continente asiático meses antes.

De cualquier modo, Marshy será siempre recordado por aquella frase que pronunció al ser comparado con O Rei Pelé, con su sorna y buen humor habituales:  “Yo no fui el Pelé blanco, él fue el Rodney Marsh negro”. Hay otra anécdota que quizás conozcan los amantes de la música, y más concretamente de Oasis. Si os fijáis bien en la portada del Definitely Maybe, podréis encontrar una foto enmarcada de Rodney Marsh vistiendo la camiseta del City -también la de George Best- a la derecha de la imagen, junto a la chimenea. Otro homenaje más para un jugador revolucionario en el fútbol inglés de los sesenta y setenta.

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