Pirlo – Baggio, una sociedad efímera

Andrea Pirlo y Roberto Baggio con la camiseta del Brescia

Las carreras profesionales de Roberto Baggio y Andreo Pirlo han seguido patrones en cierta manera similares. Dotados de una técnica reservada a unos pocos, ambos han vestido, en diferentes etapas, las camisetas de Milan, Inter, Juventus y Brescia. Los dos han sido piezas clave, cada uno en su época, de la Nazionale italiana. Es más, tanto Roberto como Andrea pueden considerarse “víctimas” del sistema táctico de Marcello Lippi en su estancia en el Inter de Milán. No obstante, pese a coincidir la última etapa como profesional de Baggio con los inicios de Pirlo en el alto nivel, tan solo han compartido vestuario en dos breves etapas: un año de amargo recuerdo para ambos en el Inter y, dos temporadas después, apenas unos meses -bastante prolíficos, eso sí- en el Brescia.

Lamentablemente, tampoco pudimos disfrutar de Baggio y Pirlo juntos sobre el césped con la selección italiana. A decir verdad, sí coincidieron en un único partido: un amistoso Italia-España en Génova, que en vísperas de la Eurocopa de Portugal de 2004 sirvió como homenaje a Roberto Baggio por su trayectoria con los azzurri. Para entonces, Baggio llevaba ya más de cinco años fuera de las convocatorias de la Nazionale. A pesar de dar todavía un nivel notable en esos últimos años de su carrera, de haber superado una lesión de menisco y de ligamento cruzado y contar con el cariño incondicional de los tifosi, Baggio no contó para Dino Zoff en la Euro2000 ni tampoco Giovanni Trapattoni quiso incluirlo en la convocatoria del Mundial de Corea y Japón. Pirlo, por su parte, no recibió la llamada de la selección hasta 2002 y no conseguiría el papel esencial que juega hoy en su esquema hasta la Eurocopa de Portugal de 2004.

FBL-EUR2004

A nivel de clubes, Roberto y Andrea coincidieron por primera vez en la temporada 98/99 en el vestuario del Inter de Milán. Más en el vestuario, de hecho, que en el terreno de juego. Pirlo, fichado del Brescia con la vitola de futura estrella del calcio, solo jugó 507 minutos repartidos en 18 partidos de Liga, lo que motivó su cesión a la Reggina la temporada posterior; el rejuvenecido Baggio llegaba ese año desde el Bologna como apuesta personal de Massimo Moratti pero sin contar con el beneplácito del técnico Luigi Simoni, que había pedido la contratación en su lugar de Alain Boghossian.

Aquel fue un año convulso para los nerazzurri. Hasta cuatro entrenadores –Luigi Simoni, Mircea Lucescu, Luciano Castellini y Roy Hodgson- desfilaron por su banquillo y el equipo terminó en la octava posición, fuera de puestos europeos, en un campeonato de liga que, para mayor ira de sus seguidores, ganó el archienemigo Milan.

Dos años después, ambos jugadores volverían a coincidir en un equipo con aspiraciones mucho más modestas, el Brescia. El club lombardo vivía una época de continuos ascensos y descensos de categoría, y esa 2000/2001, con el veterano Carlo Mazzone al mando, suponía un nuevo retorno a Serie A. Allí llegó Roberto Baggio huyendo de Marcello Lippi y habiendo desechado ofertas de grandes de Europa como Arsenal y Real Madrid. Pirlo no se incorporaría al equipo hasta el mes de enero, cedido por el Inter tras otro inicio de temporada casi en blanco.

Con su crédito como promesa empezando a diluirse, éste terminaría por ser el paso clave en su carrera. Mazzone, convencido de las posibilidades de un joven Andrea que no terminaba de demostrar la clase que se le presuponía desde juveniles, decidió retrasar su posición desde la media punta hasta el mediocampo y darle la responsabilidad plena de la elaboración del juego. Pirlo, cansado de no contar con oportunidades como trequartista, accedió a regañadientes a la petición de su nuevo entrenador. El resto, lo llevamos viendo más de una década, es historia del fútbol italiano y mundial.

Roberto Baggio con el Brescia

En una magnífica segunda vuelta de campeonato, junto a jugadores como Luca Castellazzi, Dario Hübner, Daniele Bonera o los gemelos Filippini, Baggio y Pirlo contribuyeron a lograr la séptima posición de liga, la mejor obtenida por el Brescia en Serie A en toda su historia. Un puesto que le permitió, además, disputar la Copa Intertoto el año siguiente.

En ese brillante tramo final de temporada con el Brescia, Roberto Baggio y Andrea Pirlo apenas compartieron una decena de partidos sobre el césped. Cantidad suficiente para dejar una huella imborrable en la escuadra rondinelle y uno de los goles más recordados todavía hoy por sus tifosi.

Fue el 1 de abril de 2001, en la recta final del campeonato. En el Stadio Delle Alpi, la Juventus ganaba 1-0 a los lombardos a escasos tres minutos para la conclusión del partido. En uno de los últimos intentos del Brescia para igualar el marcador, Andrea Pirlo recoge la pelota en el centro del campo. Al cruzar la línea divisoria, levanta la cabeza y ve el desmarque de Baggio a la espalda de la adelantada defensa bianconera. Con un toque suave, eleva el balón por encima de las dos líneas de retaguardia de la Juve. Baggio recibe el caramelo de su compañero y culmina la obra maestra. Con un solo toque, il Codino amortigua y orienta el balón hacia su izquierda, salvando al mismo tiempo la salida de Edwin Van der Sar. Con la sangre fría de los elegidos, Roberto amaga el tiro y espera que el portero holandés se venza completamente para empujar el balón dentro de la portería y hacer el empate a uno definitivo. Una rete veramente strepitosa.

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