Gigi Meroni, la otra gran pérdida del Torino

Gigi Meroni recoge un balón de la red tras marcar un gol con el Torino

Este martes se cumplen 46 años del trágico fallecimiento de Gigi Meroni, la gran estrella del Torino de los ’60.

La historia del Torino ha estado tremendamente marcada por la tragedia. La crueldad del destino como obstáculo inexpugnable a las puertas del tan anhelado como merecido éxito deportivo. Imborrable en la memoria de la familia granata el accidente de aviación que el 4 de mayo 1949 terminaba de un plumazo con el mito del Grande Torino, la mejor generación de futbolistas que ha tenido este club y, seguramente, el equipo más potente que había conocido hasta entonces el fútbol europeo. Aquel fatídico día, el avión pilotado por Pier Luigi Meroni traía de vuelta de un partido amistoso en Lisboa al cuerpo técnico y los dieciocho jugadores del Torino. La densa niebla provocó que la aeronave se estrellara junto a la Basílica de Superga, a pocos kilómetros de su destino. Dieciocho años después de aquel suceso que conmocionó al mundo del fútbol, justo cuando el Torino volvía a asomar la cabeza en la élite, el club tuvo que afrontar el fallecimiento de su nueva gran estrella. Caprichos del destino, ese jugador –también- se llamaba Luigi Meroni.
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Frank Worthington, el fantasista que calzaba botas de cowboy

Imagen de matchhighlight.com

El chico de tupé y largas patillas que admiraba a Elvis Presley. Aquel delantero zurdo que no usaba espinilleras. “El George Best de la clase trabajadora”, como una vez lo definiera su entrenador en Huddersfield y Bolton, Ian Greaves. El juerguista confeso, el womaniser, el individualista incorregible. El jugón que en sus más de dos décadas de carrera profesional no pudo ganar nunca un título en la alta competición. El héroe en la infancia de Gary Lineker. El delantero que no superó el reconocimiento médico con el Liverpool, se fue de farra a Mallorca en vez de descansar, y volvió para no superar tampoco la prueba física al segundo intento. “Si hubiera fichado por los reds, mi único límite habría sido el cielo”, diría un no del todo arrepentido Frank décadas más tarde. Ninguno de estos titulares habría servido para condensar por sí mismo toda la excentricidad, la locura, el talento, toda la grandeza de Frank Worthington, uno de los tipos más peculiares que ha dado nunca el fútbol inglés.

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Pirlo – Baggio, una sociedad efímera

Andrea Pirlo y Roberto Baggio con la camiseta del Brescia

Las carreras profesionales de Roberto Baggio y Andreo Pirlo han seguido patrones en cierta manera similares. Dotados de una técnica reservada a unos pocos, ambos han vestido, en diferentes etapas, las camisetas de Milan, Inter, Juventus y Brescia. Los dos han sido piezas clave, cada uno en su época, de la Nazionale italiana. Es más, tanto Roberto como Andrea pueden considerarse “víctimas” del sistema táctico de Marcello Lippi en su estancia en el Inter de Milán. No obstante, pese a coincidir la última etapa como profesional de Baggio con los inicios de Pirlo en el alto nivel, tan solo han compartido vestuario en dos breves etapas: un año de amargo recuerdo para ambos en el Inter y, dos temporadas después, apenas unos meses -bastante prolíficos, eso sí- en el Brescia.

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Rodney Marsh. ¿El Pelé Blanco?

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Los años sesenta eran otros tiempos. La sociedad británica asistía a la irrupción de una nueva generación de jóvenes de idiosincrasia rebelde y estética desenfadada, ajenos ya a las penurias dejadas por la gran guerra en la vieja Albion. Eran los años en los que Beatles y Rolling Stones revolucionaban la música y simbolizaban una nueva manera de vivir. Y el fútbol, como propia expresión de talento, no era ajeno a esta especie de revolución social.

En un estilo especialmente tosco y rudimentario como el inglés, poco abierto a la fantasía, apareció de la nada una generación de jugadores de notable talento, adelantados a su tiempo, preocupados a partes iguales por la diversión, la estética y el deporte. Ávidos de fama, protagonistas de continuas juergas, dolor de cabeza de técnicos y puristas del juego. Quizás la historia nos ha dejado a George Best como el máximo exponente de esta camada de futbolistas, el único de todos ellos que alcanzó lo más alto tanto a nivel individual como colectivo. Sin embargo, fuera de las islas británicas apenas se recuerda a Rodney Marsh, uno de sus mayores compañeros tanto en el césped, como en los pubs.

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