Fútbol en las trincheras

Soldados jugando al fútbol. Fuente: OTAN.

Al llegar la Navidad de 1914, la primera desde el inicio de la I Guerra Mundial, se dio una circunstancia insólita en el campo de batalla. A lo largo del frente desplegado entre las fronteras de Francia y Bélgica, cerca de Yprès, se desataba una tregua espontánea entre los soldados británicos y alemanes apostados en trincheras a un lado y otro del escenario bélico. Los relatos de los allí presentes nos hablan de cómo los alemanes cesaron el fuego en la tarde del 24 de diciembre y comenzaron a cantar villancicos. Algo ante lo que los británicos, sorprendidos, correspondieron entonando otras canciones navideñas en su propia lengua, a pesar de que en ese momento se calcula que 40.000 de sus hombres habrían perdido ya la vida en los apenas cinco meses que se llevaban de contienda.

Soldados de ambos bandos fueron poco a poco abandonando sus trincheras y adentrándose en tierra de nadie para estrechar la mano de sus rivales e intercambiar pequeños detalles como botellas de alcohol o cigarrillos. Ambos ejercitos aprovecharon la calma para retirar y enterrar los cadáveres de sus compañeros caídos; incluso hay quien asegura que se rezaron oraciones conjuntas por sus almas. La tregua fue propagándose poco a poco por otros puntos del frente, pese a la firme oposición de los oficiales. En medio de la confraternización, de este brote espontáneo de la más absoluta humanidad en las circunstancias más hostiles para el ser humano, un elemento surgió como nexo de unión entre ambos: el fútbol.

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