Frank Worthington, el fantasista que calzaba botas de cowboy

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El chico de tupé y largas patillas que admiraba a Elvis Presley. Aquel delantero zurdo que no usaba espinilleras. “El George Best de la clase trabajadora”, como una vez lo definiera su entrenador en Huddersfield y Bolton, Ian Greaves. El juerguista confeso, el womaniser, el individualista incorregible. El jugón que en sus más de dos décadas de carrera profesional no pudo ganar nunca un título en la alta competición. El héroe en la infancia de Gary Lineker. El delantero que no superó el reconocimiento médico con el Liverpool, se fue de farra a Mallorca en vez de descansar, y volvió para no superar tampoco la prueba física al segundo intento. “Si hubiera fichado por los reds, mi único límite habría sido el cielo”, diría un no del todo arrepentido Frank décadas más tarde. Ninguno de estos titulares habría servido para condensar por sí mismo toda la excentricidad, la locura, el talento, toda la grandeza de Frank Worthington, uno de los tipos más peculiares que ha dado nunca el fútbol inglés.

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